jueves, 11 de junio de 2009

Piedad

Cuando me levanto muy temprano, aunque hayan pasado muchas horas de vela, sigo sintiendo como que un pedazo de mi sigue en la cama. Es algo parecido a estar cruda: Shhhhhhhhhhhh no griten. Mi paciencia no se despierta conmigo y es tan pequeña que cuando se incorpora finalmente, casi ni la distingo. A las 9:15 am ya llevaba dos horas manejando en el estúpido tráfico y estaba prácticamente estacionada en el Viaducto a la altura de Troncoso. Tenía un disco de Modest Mouse, pero no quise escucharlo. La modestia no es nada buena cuando lo que uno quiere es colgarse del cortinero. Ese disco me pone de buenas y escucharlo me parecía como tratar de fingir. Prendí la radio y puse Radio Ibero. Es en la única estación que pasan música que me gusta prácticamente todo el día y casi no hay anuncios. Nunca le pongo demasiada atención a los locutores. La cosa es que dadas las condiciones, no quedaba de otra más que eso: un programa en el que participan un tipo y una tipa; él posee una necesidad exacerbada de decir lo que piensa y ante su propia verborragia se cree maravillosamente culto. Si uno escucha bien y está de malas, puede percibir claramente que mr. comosellame no sabe nada de nada y cualquier parecido entre su discurso y uno coherente radica en que de vez en vez repite cosas que escuchó por ahí, citas. La mujer en el fondo parece no tan tan tonta, pero ella no lo sabe. Sin embargo, de la mancuerna, es ella quien le da un poco de seriedad al programa creyendo que para lograr eso se necesita que interrumpa a los demás para dar información científica extraída de dudosas fuentes. Lo único bueno del programa es una tercera voz, que por lo que escuché parece que hay días que no está, que pertenece a un personaje ficticio llamado La Fresirocker. Fácil: una chica bien que conoce muy bien su entorno y que juega a ser la chica más fresa del mundo con todos los vicios y virtudes que eso acarrea. Maneja su personaje perfectamente y sus intervenciones en el programa son divertidas y atinadas. De los tres, es la única que puede aceptar públicamente cuando no sabe nada acerca del tema de turno, y además se da el lujo de parodiar a los dos cabezas duras que tiene enfrente sin que ellos lo noten. Bien por ella.

A las diez empieza un programa que ya había escuchado antes. Se llama DFM y tiene el perfil de una revista cultural, cosa que se agradece. Tienen una sección dedicada al teatro y otra para cada materia: mientras llegaba a mi destino extendieron la convocatoria para un seminario de foto en el Centro de la imagen y pusieron música linda. Hice algunas cosas en la Colonia del Valle y cuando me volví a subir al coche el programa estaba terminando. Al mediodía empieza otro que se llama Entre paréntesis y uno de los locutores se llama Erick, y lo recuerdo porque, a diferencia de la primera sorpresa de la mañana, esto lo fue en el buen modo. Entre paréntesis es una revista sociopolítica hecha por personas quienes no hablan de lo que no saben, permiten a sus invitados y enlaces que digan todo lo que tienen para decir, son buenos entrevistadores, cuando usa el privilegio de hablar públicamente se nota que saben de la materia que les ocupa, que leen, que conocen perfectamente sus fuentes y además son personas agradable que mandan abrazos y conocen de apretón de mano a cada una de las personas que, al menos por el día de ayer, intervinieron. Entre los temas se habló sobre la presentación en México del libro “Cautiva”, de Clara Rojas, cosa peligrosa ya que hablando de guerrillas, secuestros y Latinoamérica rápidamente se puede caer en un malentendido, pleonasmo de Salma Hayek dándole la teta a un indito, o cheguevarizarlo todo. En cambio hubo un enlace telefónico con la mujer autora del libro y la entrevista fluyó maravillosamente ya que el locutor tuvo el cuidado y la decencia convertir todo esto en un Cómo estás. Ella habló de su experiencia, de la nostalgia, de la amistad. Nadie nos contó el libro ni nos obligó a escuchar una diatriba en torno a las FARC. Con la misma delicadeza y responsabilidad, no sólo informativa sino formativa, hubo un enlace con el editor de la publicación latinoamericana de la revista Le monde diplomatique y otro con un docente de la universidad católica de Hermosillo. También se habló acerca de la decadencia de la OEA y un artículo al respecto publicado por un catedrático e investigador argentino (que tristemente no recuerdo su nombre) y se tocó el tema de una manera subjetiva sin tonalidades de amarillo.

Eran las 2:30 de la tarde cuando me bajé por fin del coche después de haber recorrido la cuidad de punta a punta dos veces. Me tragué a los cientos de conductores que quieren pasar porque el semáforo está en verde, haciendo caso omiso de que al cruzar la calle no queda espacio para un coche más; los hijos de puta que desconocen el motivo de la regla Uno y uno; los que inauguran la segunda fila para dar vuelta a la izquierda; los peatones zafados que deciden cruzar por abajo del puente peatonal; los policías con sus ridículas gorras fosforescentes que te dicen que avances cuando no hay para dónde hacerse; los que invaden el carril del metrobús; los que si dejan pasar a la ambulancia aprovechan para seguirla por una o dos cuadras; los que traen Suburban y se creen ambulancia; los de mirada perdida, ejemplo de que a nadie le importa. Pedí piedad no solamente en el Viaducto, sino en Calzada de la Viga, Congreso de la Unión, Gabriel Mancera, Baja California, Calzada de Guadalupe, Montevideo. Si la paciencia no se había despertado conmigo, a putazos la tuve que traer a sentarse en el asiento del copiloto y no lo hubiera logrado sin la ayuda de aquel programa de radio.

Recordé que mi abuelo Juan nació en 1919 en Resistencia, provincia de El Chaco, Argentina. Un lugar olvidado por dios. Él contaba que su padre construyó la primera radio de transistores de todo el pueblo y que la gente venía a su casa por las noches a escuchar aquel acto de magia sentados en círculo, tomando mate y aguardiente, consientes del privilegio que era ser parte de ese mundo nuevo. Hace casi cien años de eso. Resistencia era un sitio al que sólo llegaban el tren y las ondas de amplitud modulada. Este lugar es muy diferente. Todo converge aquí y al parecer tenemos mcuho más de lo que necesitamos para vivir. Pero a veces, sólo a veces, me parece notar que hay quienes siguen tomando al mundo por lo que es. Un sitio que necesita hallar el orden mediante el acto de quitar, de apelar a lo simple, al detalle del otro; donde la única respuesta posible al clamarle a dios por auxilio, proviene de la puesta en común y de la intención de devolverle a cada cosa su valor universal.

domingo, 17 de mayo de 2009

Leaves

Las hojas se caen cuando llega el otoño, incluso antes, cuando hay mucho viento y poca lluvia. Las personas se van cuando deben hacerlo. Intentan justificar siempre su partida como las estaciones suceden. Y uno de estos días a las plantas les nacen nuevas hojas, pero las personas se duelen cuando han perdido algo.
.- Son tan lindas las plantas en su pedazo de tierra. La tierra. De vez en cuando La Victoria navega entre bosques de algas y me parece tan rara esa tierra de la que se arraigan allá en lo profundo, sepultada bajo tanta agua-.
Toda esa tierra piensa el capitán en su duelo. Si hiciera un recuento de todo lo que dejó atrás, bien podría ir vestido de negro. Extraña las plantas. Ha dibujado en su bitácora un árbol intrincado y nudoso que se parece a un nogal aunque no sabe bien qué es… es un árbol, los árboles, una estampa que puesta muchas veces en la misma hoja de papel ilustraría un bosque tan frondoso como uno quisiera. Pero no quiere repetirlo, porque la mano temblaba un poco cuando sostenía el carboncillo y la voz sin decir nada temblaba también. Algunas lágrimas cayeron sobre el dibujo y al árbol le nacieron racimos de frutas. Y, aunque a veces sucedan estas cosas, el capitán no se deja llevar por el dolor. Porque allá le esperan hectáreas enteras de bosques que no se atreve a dibujar: no tiene con qué colorear tanto verde ni ninguna pluma podría entintar tan fabulosos plumajes, ninguna tiza podría iluminar toda esa luz, en ninguna hoja cabrían todas esas hojas.

miércoles, 29 de abril de 2009

Precaución

Decía la vez pasada que en la alacena de Casa siempre hay comida suficiente como para enfrentar un estado de sitio. Menos mal. Si no, no sé qué sería de nosotros ante la situación que reina en esta ciudad por estos días.
No escribiré un post más sobre la influenza porque me da gueva. No es nada más la jodida gripe la que nos trae así.
El hecho de ser mexicanos, por alguna razón que tampoco voy a analizar en este momento y que seguramente tiene sus raíces en nuestra historia, nos ha dado una suerte de inmunidad estúpida hacia la política. No sé si es que en contraste con Argentina donde las manifestaciones versus el Estado llegan a ser exageradas, verdaderamente hay días que pienso si mi pueblo está formado por un total de gente estúpida o qué mierda pasa. ¿Es que nadie se da cuenta?.
Resulta que, eso sí todos lo sabemos, después de más de setenta años de tener un gobierno priísta, un día decidimos que tenía mucha onda el cambio, tal vez no porque lo hayamos decidido sino porque los medios de comunicación y la gran cantidad de dinero que se le inyectó a esas campañas, nos lo hizo creer a huevo. Y entonces un desafortunado día de elecciones el ex presidente Fox resultó el elegido. Un guey que si Aristóteles saludara de mano, moriría en el acto; un ranchero de hebilla y bota quien realmente creo que no es muy importante si estudió o no, pero estoy segura que su herencia cultural podría reducirse a un par de reproducciones chafas de inditas pintadas por Diego Rivera colgadas en el baño de visitas de su casa. Nada cercano al arquetipo clásico, ni un atisbo de justicia o templanza: el vivo retrato de la virtud lanzada por la borda. Total que eso pasó, se hizo historia, todos nos quejamos en la sala de casa de un amigo cuando el señor aparecía en la tele con traje color azul cielo saludando a algún jefe de estado y nada más.
Mi abuelo Juan era socialista. Mamá algún día me explicó que el PAN era un partido formado por la oligarquía y me prestó un libro del FCE que se llama Introducción a las teorías políticas, económicas y sociales que por cierto, hablando de inmunidad, es un pequeño cuaderno que además cuesta barato en su librería de confianza y creo que para poder seguir haciendo comentarios acerca de esto o aquello, todos deberíamos de menos leer ese apunte.
Al principio no entendí muy bien a qué se refería mi madre con eso. Cuando lo dijo, un lejano miedo se dejó sentir en su voz. Y el tiempo pasó y sucedieron cosas irreversibles como el IETU, la gran respresentación del avionazo en Nueva York, la vergonzosa situación que el querido presidente suscitó entre México y Cuba, apareció Chávez y Evo y las señoras presidentas de las tierras autsrales y de repente la situación política en Latinoamérica comenzó a importarme. Debo aceptar que no demasiado. Probablemente por la particularización de cosas que todo lo ha embebido y principalmente porque tengo cosas más apremientes con las cuales entretenerme, como forjar mi futuro y pendejadas de esas. Mi humor negro sobre todo, el exceso de ridículo, fueron los que me llevaron a pensar más seriamente en las cosas que pasan a nivel político a mi alrededor. Tal vez crecí un poco y decidí comenzar a honrar a mis antepasados también en ese aspecto, y dejar de ser una chavita que lo que no sabe lo inventa... empecé a guardar silencio y a poner atención, a construir una visión del asunto propia.
Todo esto para el día de hoy lanzar una pregunta al aire que me gustaría que los tres o cuatro compadres que caen de vez en cuando a este recóndito sitio, se aventuraran a responder.

¿ES QUE NADIE SE DA CUENTA?

Estamos viviendo en un sitio de tolerancia cero. La guerra contra el narcotráfico y la chingada madre, de la cuál no me animo a decir mucho porque tengo mis grandes reservas al respecto, pero ¿Y a mí qué chingados? Yo no soy una borracha empedernida pero verdaderamente me jode que de lunes a miércoles cierren todo a las doce de la noche y no me pueda chupar yo ni una jodida CocaCola en un lugar decente. Ok... me calenté antes de tiempo. Voy a explicarles poniendo mis pasiones a enfriar:
Los locales cierran a las 2:30 am. Esto dice la ley. Ahora, como todo el mundo está cagado de miedo, de lunes a viernes en muchos lugares la fiesta termina a las 12 de a noche, y no por ley, sino porque ya no le cae nadie. En esos sitios no se puede fumar pero sí te venden catorce botellas de tequila si se te da la gana de comprarlas. No puedo fumar pero el cabrón de la mesa de al lado está hasta las chanclas de pedo y no tengo ni idea de cuántas cosas hay que él pueda hacer que pongan en riesgo mi vida. Pero!!!! para eso está el alcoholímetro. Al parecer "los resultados arrojan" que ha disminuido la cantidad de accidentes automovilísticos desde que se aplicó esta medida, pero nos va igual a los que nos tomamos tres cervezas que a el tipo de las catorce botellas de tequila... todos al torito man. Va... hay que respetar... "si toma, no maneje" Entonces dejaré el coche en mi casa, pero a las tres de la mañana ¿En qué carajos me regreso? El sistema de transporte colectivo deja de funcionar a las 12 de la noche. Una serie de contradicciones muy pendejas que finalmente hacen que lo bueno se transforme en malo.
Eso es con relación a la fiesta que es lo de menos ¿No? Digamos que si todo saliera a pedir de boca, el PAN de cada día estaría logrando que nos quedáramos en nuestra casa a estudiar marketing o a hacer la tarea de relaciones industriales que nuestro maestro jesuita nos dejó o algo así, pero eso no va a pasar.
Luego sucede que la guerra contra el narcotráfico ocupa millones de pesos al mes, pero al parecer la banda no se ha quejado en absoluto... quien fuma mota sigue fumando mota, quien fuma piedra sigue fumando piedra. Me consta. (A ver si no por decir esto me cae la DEA y me aplican el tehuacanazo). A todos los que se aseguran que la ley se cumpla, sepan que no tengo nada que ver en el asunto. Así el Chapo Guzmán esté en la cárcel, los drogadictos siguen siéndolo y al parecer eso relamente vale madre. En el prólogo de El almuerzo desnudo, de William Burroghs, en su edición de Anagrama, el tipo, que créanme, sabía de esas cosas, plantea que hasta que no le demos más importancia a la gente que a la mafia, no va a pasar nada. Se imaginan si el gobierno invirtiera esa lana en educar, rehabilitar, dar trabajo a la gente que tiene problemas serios con las drogas ¿Necesitaríamos andar persiguendo al Chapo? Si el negocio no le saliera del todo bien ¿A alguien le importaría coartarlo? ¿No sería más fácil de esa manera? ¿Más beneficioso para la sociedad?
Sí... pero eso ha quedado en el último de los términos. Finalmente el gobierno, la oligarquía como dijo mamá, prioriza el dinero. No el que nos repartiremos entre todos, sino el que ellos se llevan a sus casas y entonces, poniendo un ejemplo sonzo como la educación pública, ninguno de estos tipos de anteojos Cartier se beneficia en lo absoluto de que una cualquier hija de vecino como yo, estudie o tenga chamba o mis padres que han pagado impuestos toda la vida y creado fuentes de trabajo para otras personas, tengan una jubilación... nada de nada.
Y ahora la gripa inmunda. No salgas, no comas, no te reunas con nadie, no le des la mano ni lo saludes de beso, no vayas a la escuela, haz como si no pasara nada, el gobierno puede intervenir en cualquier situación que resulte potencialmente peligrosa o sospechosa y todos los medios del estado estarán dispuestos para respaldar a las fuerzas policiales o militares. No salgas del país/no vayas a México. Alguien que me diga por favor por qué las últimas cinco veces que he ido a cargar gasolina ($$$$!!!!) en distintas gasolineras me dicen que sólo hay Premium. Empínese hombre!!!! más y más y más y más. Los boletos de avión cuestan una fortuna, los arrendatarios te obligan pagar dos meses de depósito y firmar pagarés por el próximo año pero luego no te pagan ni el puto plomero porque el calentador no sirve... tú lo descompusiste man. De verdad no entiendo nada.
Lo sé... todos me lo dicen, soy una idealista. Una pendejista. Nada va a cambiar nunca, mucho menos si nadie dice nada. Yo aquí desde esta apartada orilla digo lo que pienso y tampoco hago nada con eso, porque nadie me va a escuchar, por lo menos no las personas a las que les queda el saco, y si sí, sería bien fácil hacerme desaparecer. Y tampoco hago nada porque la impotencia es muy cabrona. ¿Te crees muy lista verdad? ¿Y qué vas a hacer al respecto? Hagamos algo contesto yo... luego pienso, si me dedico a hacer eso, a hacerme escuchar, a militar, a formar un movimiento que valga la pena ¿de qué voy a vivir? y entonces la respuesta inmediata es vivirás de la corrupción mami, como todos los que se dedican a eso. Como el puto EZLN/no tuve huevos. Como las madres de la plaza de mayo que lloran frente a las cámaras de televisión y behind the scenes reciben dinero de partidos políticos.
¿Qué creen? La pandemia de los puercos no es nada nuevo. Les recomiendo salir a la calle con tapabocas, pasamontañas, vestidos con hebilla, bota y pañuelo del viejo oeste, coloquen un kotex cubriendo nariz y boca y ocupen las alitas para adherirlo al tabique y la barbilla respectivamente, usen lentes de sol, casco, rodilleras, sombrero, boina, fumen pipa pero en lugares abiertos, beban café en esas amistosas fanquicias que pertenecen a Carlos Slim donde por cincuenta pesos un niño fresa escribe tu nombre con un plumón en un vaso deshechable; puedes escoger y personalizar tu bebida con leche entera, light, deslactosada o deslactosada light. También hay café sin cafeína y té verde cosechado por esclavos en el sur de Asia. O bien puedes beber café de chiapas. Si te lanzas a Filos los pasillos están poblados de los mismos niños fresas pero esta vez alabarán a Salma Hayek dándole la teta a un indio, usarán ropa de batik y te venderán una taza de café del estado más jodido del país por diez pesos. Lo que no saben es que la gente que cosecha ese café lo hace porque las compañías multinacionales han comprado el estado entero y el maíz, los plátanos, las nueces de la india y las almas de los campesinos pertenecen a esas empresas que entre sus chuladas dan una buena mochada a nuestro gobierno federal y trafican personas, por poner un par de ejemplos. Pero estos niños venden muffins de marihuana en los pasillos de la Universidad Nacional, roban libros de la Biblioteca, llevan años sin terminar sus carreras ocupando lugares que otras personas podrian aprovechar, tienen secuestrado el auditorio Che Guevara desde hace diez años y nadie ha tenido el valor suficiente como para sacarlos de ahí. Por Dios!!!! La autonomía nos salió por la culata. Recuerden tomar las precauciones prudentes ante el virus. Así que si usted es un cuidadano de clase media empínese más a la derecha o más a la izquierda, pero empínese de cualquier forma porque ahí le va... quedito, ya casi dos sexenios. Infórmese y piénsele, porque los candidatos a diputados escriben educación con S, Peña Nieto es un joven mafioso más astuto que Al Capone y ni siquiera se deshace de los cadáveres, sino que los deja a los costados de las carreteras federales; el culiado de hacienda sí que le entra sabroso a sus comidas en el San Ángel Inn y con lo del IETU invita las cuentas de todos sus gordos amigos, Ebrard no peca pero incomoda saliendo a andar en bici con su camisa amarilla, así así gana la gente, que no mame por favor, y Caderón un piquete de ombligo con el cártel, un piquete de ombligo con Obama, bajita la mano ya puso militares en las calles y la policía te pide tu identificación saliendo del metro Viveros, ahora Metro Derechos Humanos, porque te ves sospechoso. ¿Y por qué se pone nerviosa la señorita? pregunta el oficial. No sé. Será porque hasta ahora no he cometido ningún crimen a diferencia del asqueroso resto.
Y sí... si pudiera pedir un deseo, desearía que todos los cerdos que no son cerdos mueran de gripe en las próximas 72 horas.

lunes, 20 de abril de 2009

Genealogía de gracias

No sé qué título poner a este post, ya que por enésima vez podría llamarse ir o volver o algo así.
Volví.
Volver es raro... ya tengo bien interiorizado que, sin haber hallado un buen motivo para no heredar el karma de la familia, mi destino es ese, como los que bajaron de los barcos, ir y venir.
Regresar a la CASA GRANDE, digamos la más grande de todas, esta vez pareció natural. No fue un proceso accidentado y obligatorio como llegué a pensar que sería todas las veces. Anoche las persianas estaban bajas hasta la mitad, la habitación era toda nuestra, se sentía aquí dentro la certeza de un hogar que, suceda donde suceda, es inmutable. Se conserva estoicamente ante las crisis económicas, personales, grupales, la salud y la enfermedad, en la alegría y en el duelo.
En la alacena siempre hay comida suficiente como para enfrentar un estado de sitio. Incluso los pequeños lujos que vienen de lejos como las especias y el mate nunca hacen falta. Si alguien va al otro lado del mundo, no tiene que ser alguien cercano; basta con que sea querido, entonces trae, como llevó Colón a los reyes de España, las cosas especiales. Lo que aquí no existe y sólo lo hace por el hecho de que alguenos lo recordamos. Podemos saborear los canelones de la abuela Luci aunque no los vayamos a volver a probar jamás. Y allá, en las alacenas lejanas hay latitas de chiles chipotles que son atesoradas como polvo de oro, costalitos de harina de maíz. De manera fantástica una Megabolsa de Sabritones puede traspasar latitudes y permanecer durante meses brillando en ese altar hasta que se celebre una ocasión especial y entonces la Tía Nachi salga a la aventura con la misión de encontrar una "palta" sureña y prepare un guacamole (que no dejará de serlo aunque su aguacate haya nacido en La Pampa y los limones de la mezla sean grandes y gueros como los habitantes de Inglaterra) y recién entonces, ahora sí se abra esa bolsa y se comparta una comida cuyo sabor, como el día de muertos, no sea lo que importe tanto, sino el espíritu.
Así, el espíritu de todos los tiempos se conserva en este pequeño departamento, guardado en cajitas que adornan la mesa de la sala, en frascos almacenados dentro del refigerador, en abrigos colgados en los clósets. En la alacena que, desde pequeña, ha sido para mí la habitación más segura del mundo.
Hasta hace poco los guardianes del tesoro eran los abuelos; la Nona Lucía que es la última que me queda. Ella cayó enferma y de manera forzosa pero tranquila, mamá y papá, el Tío Eduardo y la Tía Nachi, heredaron esa magna responsabilidad: sustentar un sitio único. El único hogar posible que existirá para nuestra familia hasta que el tiempo termine su novenario.
Creo que está muy cabrón ser padre, tener un lugar como este. De todas las veces que los hijos hemos regresado, dignamente o con la cola entre las patas, siempre es igual. Lo único que cambia es la manera en la que el estado de ánimo de quien vuelve percibe las cosas. Pero esta vez me di cuenta que es sólo eso. Un hogar nunca hace sentir vergüenza a nadie que lo haya habitado. Es un símbolo. Algo que pertenece más a la mitología que a la extraña manera en la que se construye la realidad.
Me alegro de estar aquí. Los planes son otros pero aquí siempre hay espacio para hacerlos, tolerancia, apoyo. Mis padres son todo lo que alguien como yo pudiera pedir de unos padres y sorprendentemente más que eso. Dos seres humanos con una calidad infinita. Es increíble que un día sin querer, uno que es un simple mortal vaya a poder convertirse en eso para alguien. Y es maravilloso que en este cuento el Mago de Oz permanezca tan cerca como la voluntad me lo permita.
"No hay lugar como el hogar".
La abuela Luci decía La casa es chica pero el corazón es grande.
Grande Nona.

viernes, 3 de abril de 2009

Los nietos

El mundo era otro ayer, antes de ayer, antes. No queda nada de eso más que las historias que el abuelo te cuenta mientras calienta el agua para el mate a la hora de la siesta los días que afuera llueve o hace muchísimo calor. La ventana abierta, escoger entre dulce o amargo y las historias sobre la vida de unos hombres que ya están muertos. De dónde venían, por qué, los barcos, a dónde llegaron, qué cosas les pasaron aquí y qué de cosas les pasaron aquí. Hicieron tanto que tú estás aquí sentada en esta silla. El abuelo, testigo ahí a tu lado cebando mate, te sirve uno y te lo da en la mano. Las yemas de tus dedos sienten apenas los bordes de las uñas de esos dedos de esas manos antiguas, iguales a las manos de los abuelos que él recuerda. Te cuenta tan atrás en el tiempo como le contaron a él, padre de tu más grande héroe, héroe de tu padre.
En ese mundo, que era el mismo que éste, vivían unos héroes. Serían de tu edad más o menos alguna vez. Ellos conocieron el hambre y el frío. Sabían cosas de las que tú jamás hubieras escuchado hablar si no fuera porque ellos se las enseñaron al abuelo. Él todavía las aprehendió y a tu padre se las enseñó como se enseña taquigrafía. Tu padre las aprendió. A ti sólo te las enseña ahora como a veces te enseña el dedo anular en el que le faltan dos falanges. Para que lo veas. No vas a aprender nada de nada, no vas a sentir lo que él sintió cuando perdió esa parte ni vas a tener que vivir el resto de tu vida enfrentando la dificultad de que algo te falte. Sólo vas a saber que al abuelo le falta una parte de un dedo de esa mano antigua que una vez fue joven como la tuya. Para ti el hambre sólo existe porque sabes que el abuelo de tu abuelo se llamaba Genesio. El abuelo, que está parado frente a ti, lo conoció.
Mañana va a llover, dice el abuelo cuando terminas de chupar el mate y la cocina se perfuma de nostalgia. Te puede explicar cómo lo sabe pero no puedes aprender a hacerlo ni él puede enseñártelo porque esas eran cosas de otro mundo, al que él perteneció cuando sus manos eran jóvenes, pero esas cosas ya no están en éste ahora que sus manos son antiguas. Hasta ese momento tú no tenías la más puta idea de que mañana iba a llover. Ahora lo sabes y también sabes que nunca vas a poder afirmar que va a llover con un día de antelación y de todas formas no te serviría de nada que te lo enseñe, por eso no lo hace. A tus nietos vas a contarles que tu abuelo tenía un abuelo que le enseñó cómo saber que al día siguiente llovería y tu abuelo y el abuelo de tu abuelo van a existir para ellos en tanto existas tú para contarles esa historia.
El día que te mueras habrá muerto la tataranieta de Genesio Foradini, y habrás sido el último testigo de su existencia. Y un poco antes, cuando tengas nietos, para ellos ya no va a haber ni siquiera una palabra que los vincule con tu tatarabuelo. Empezarán con tus hijos los chosnos y los tátara-tátaras. Ser el tátara-tátara-tataranieto de alguien no es nada. Cuando un abuelo muere, muere con él la existencia de su propio abuelo porque deja de existir el testigo, el vínculo.
Tal vez por la nostalgia o sólo para que lo sepas, el abuelo sigue hablando de su nono Genesio y tira un poco de la yerba del mate que ya se lavó. Y tú lo escuchas y lo miras con toda tu alma: Un día no muy lejano el abuelo se va a morir. Y tú también. Y sin embargo están ahí en la cocina tomando mate los dos juntos, entra el aire por la ventana y a ti no te falta nada.

miércoles, 25 de febrero de 2009

24

Escribí esto hace algunos días. No lo había publicado porque no parecía suficiente. Gracias Benja por las porras y que sea un nuevo comienzo.

Hoy es mi cumple. Pareció una buena fecha para empezar a hacer cosas que no había hecho nunca y continuar haciendo cosas que había dejado de hacer no sé muy bien por qué. Mis dedos están entumidos porque hacía meses que no escribía más de cuatro renglones en la computadora. Qué mal, parece ser. No me voy a justificar. Estuve haciendo otras cosas importantes, entre ellas hacerme pendeja. En todo este tiempo pensé en postear muchas cosas, conclusiones, aventuras, pero nunca ninguna de esas cosas fue más fuerte que la hueva y que mis otras prioridades y ocupaciones. También pensé en lo estúpido de tener un blog. Ser “Blogger”, “Bloggear”… DIOS. Esas palabras no pueden existir. Hay toda una fantochería inútil alrededor de esto. En ocasiones recordé qué cosas significa o significó originalmente este espacio para mí: un sitio en el que publicar mis mambos.

1

2

3

4

5

6

7

8

Maaaaaaaaaaam-bó

HEY!

Eso es todo. No hay nada más aquí.

¿Qué más? ¿En verdad será que hay magia? ¿Destino? ¿Amor? ¿Certezas?

Algún día viejo hubiera afirmado que no, pero ahora no me animo. En este breve tiempo he empezado a comprender que a las afirmaciones no hay que hacerlas, hay que dudarlas. Dudar o reventar.

No hay nada más aquí. Estoy yo y es casi de día. Es el día de mi cumpleaños. Nací a las 10:10 de la mañana del 20 de febrero de 1985. No sé qué día era. En mi correo aparecieron mensajes de felicitación desde el otro lado del Ecuador. Hoy me habló Nadia, una vieja amiga, una de las más queridas que jamás he tenido y un día dejé de tener. Hoy me habló María, mi amiga más querida. Ayer la función estuvo estupenda. Hoy no sé si voy a hacer algo con mi familia para celebrar. Tal vez mañana parta un pastel con la compañía.

Las cosas están ahí como nunca antes. Cerca y en vano. Lejos y deseándolas. Algunas combinado.

Quiero comer un pastel de tres leches y soplar veinticuatro velas. Quiero que estén las cinco personas que más cerca tengo en este mundo y que me canten las mañanitas y que todos sepan por un momento hasta dónde quiero a cada uno. Quiero darle un abrazo a mi hermana Caro y suplicarle que todo sea como solía ser entre nosotras. Quisiera hablar por teléfono con mi abuela Luci y que fingiéramos que vamos a vernos pronto, a comer un asado todos juntos, que nada le ha sucedido. Empezar la universidad, escribir para una revista o dos, ganar todo el dinero que puedo ganar, tener una casa con todos los servicios, tres pares de zapatos nuevos, salud y amor.

He ahí todo eso.

Tal vez hacer algún viaje, para que haya aeropuertos también.

martes, 9 de septiembre de 2008

La dirección opuesta

Sábado. La cita era a las 10:30 am en las afueras del centro de la ciudad: mal sitio. El taxista había hecho el recorrido tan rápido como pudo, aunque cuando me trepé al vocho ya era tarde. En el camino, además de contarme un buen chiste, en el medio de la plática plantó un.- Te va como te sientes. ¿Usted cómo se siente?-. Qué contestarle... ¿Le digo que bien o que últimamente siento que me ha ido bastante mal? .- De maravilla señor-. Unos minutos después cobró sus cincuenta varos y se fue.
El edificio institucional estaba ahí, ahí estuvo todo el tiempo que me tomó encontrarlo, a seis o siete cuadras en dirección opuesta de hacia donde caminé en un principio. Cuando di con él ya me dolían las plantas de los pies. Mis zapatos están viejos. Regístrese, suba, primer piso. Era muy tarde para aparecer quitado de la pena a una entrevista de trabajo, casi las once pero pues ya qué ¿No? Sentí algo horroroso y luego subí.
Un gran espacio. Aire de hospital público. El reloj clavado a una columna no tenía pila y perpetuaba convenientemente las 10:30. Bueno... eso estaba bien. El calendario Gregoriano no funcionaba ahí. Justo a tiempo para mi cita. Un par de mesas altas forradas con linóleo, un sillón tapizado con lana azul y enfrente una mesita con una pila de periódicos del día. Largas filas de computadoras armadas de pedazos y algunos jóvenes con esa apariencia que uno conservaría únicamente si tiene un trabajo de fuerzas básicas. Nadie te puede ver ahí. Tal vez ni los que están trabajando alrededor tuyo.
Once de la mañana y gente guardando sus cosas para irse ¿Pues a qué hora habrán llegado? Eso me despertó algunas sospechas... Lugar sin ley. Ninguna estampa de "AMBIENTE 100% LIBRE DE HUMO" ¿A quién en el mundo le importaría que en un agujero como ese siga habiendo viciosos? ¿Contaminadores? ¿Malos ejemplos para la sociedad? Claro que no. Fumando en ayunas y ceniceros rechonchos de colillas.
Los demás aspirantes al puesto iban vestidos de traje oscuro y corbata. DIOS. ¿Qué no leyeron la parte que decía "TRABAJE DESDE CASA"? Obviamente nadie espera que en un lugar como ese alguien ande de traje. Qué orgullosa me sentí de no ir over dressed. Prefiero llegar de jeans a una fiesta de de rigurosa etiqueta. Al menos yo estaré cómoda y puedo llamarle idiotas a las chicas cuyos torsos intervenidos por varillas de corset y cuyos pezones pegosteados bajo un par de Liftys aúllan Sáquenme de aquí. Yo y mis Converse no tenemos queja alguna. Sólo que están viejos.
El cuerpo de trabajo del lugar estaba formado por ejemplares como una mujer despeinada y decolorada en rubio con vivos color verde alfalfa que portaba unas licras y una orgullosa camiseta de los Pumas; un tipo moreno y arrugado que en su tiempo libre bien podría haber sido el chairman de una cadena de narcotienditas, y un humilde nerd quien ya había pagado suficiente derecho de piso como para ser el Dj del lugar. En su playlist sonaban Velvet Underground y Radiohead, parte del soundtrack que cualquiera elegiría para su ópera prima. Nada mal.
De un ejemplar de "El récord" saqué la sección que supongo que se llama Entretenimiento pero no me he fijado. Es la primera vez que me veo en la necesidad de acudir a ella. A lo mejor se titula Evasión de la realidad o los lugares como ese pagan una mensualidad extra para que esa sección sea añadida al periódico, como una atención a la gente que tiene que esperar sentada en ese horrible sillón. No sé si sirve para que uno se sienta menos peor o justamente para que te vayas acostumbrando a la decadencia. Esperé mi turno jugando al Sudoku... cuando me cansé o bien me terminó de dar asco estar sentada sobre esa mugre, me paré a echar un ojo más atento: detrás de archiveros y lockers color gris rata alcancé a ver la sugerencia de algo que en un principio descarté por increíble pero descaradamente fui y me asomé.- Sí-. En efecto era el área de descanso conformada por unos cinco catres. CATRES. Viejos catres, algunos graciosa y aparatosamente doblados como sólo ellos tienen la cualidad de hacerlo, intentadno no estar ahí sin lograrlo en absoluto, poniendo gran énfasis en su carácter ortopédico, militar, pobreza extrema. Y otros más que eso eran la cama de alguien: cobijas extendidas y gruesas que a juzgar por lo que llamaremos "Percusión" no pueden haber olido nada bien. Pero sin duda había un ser humano que dormía ahí porque había puesto especial cuidado en estirarlo todo y hacer ese revés propio de las camas de hotel, cuando muestran el emblema bordado con cinco estrellas en el dobladillo de las sábanas. Yo hubiera hecho lo mismo si fuera mi cama... No lo es Lu. Piensa que no lo es .- ¿Lucía?
.- Ehhhh ¿Sí?
.- Pasa por favor.

La mujer habló. De cinco de la mañana a una de la tarde. 70 notas mínimo. Un promedio de $2 pesos por nota. Desde tu casa...
OK. $140 pesos diarios. Ocho horas de trabajo. Voy a estar en piyama sentada en el comedor de casa. Pero lo más probable es que si me echo un palomazo cada vez que aborde una unidad de transporte colectivo junte al menos la mitad de eso, con la diferencia de que podría continuar durmiendo por cuatro horas más cada mañana, lejos, muy lejos de ese catre furioso de pulgas, en mi propia camita con sábanas limpias de color azul.
La prueba dura una hora. Consiste en ocupar un asiento ante una de esas PCs y escribir la sinopsis de cinco noticias publicadas en la edición matutina del ESTO. El secretario de Hacienda, las inundaciones en Chihuahua, la demolición del Toreo de Cuatro Caminos y dos más que no retuve porque mi psique conserva todavía algunos de sus mecanismos de defensa.

Salí de ahí pensando que el trabajo "NO ESTABA MAL"
!!!!!!
¿Qué es lo que no estaba mal? Si esa era mi reacción ante lo que me acababa de pasar, todo marchaba bien excepto mi autoestima. Si aceptara ese trabajo, en un santiamén todo lo bueno que hay a mi alrededor comenzaría a tomar la apariencia de ese sillón, del cabello de esa mujer, de la instalación de luz expuesta de esa oficina.

Descubrí que uno de mis dientes se está manchando por fumar tanto. Tengo una ampolla gigantesca en el pie izquierdo porque mis zapatos están muy viejos. Mi peinado se asemeja a un casco del escuadrón Robotech. Mi tratamiento anticelulitis se está por terminar; y pensé si realmente lo que necesito es tener un trabajo cualquiera, tan vulgar como ese, o debería correr justamente en la dirección opuesta. ¿No dijo el taxista que te va como te sientes?
Entonces me cepillaré los dientes seis veces al día, buscaré unas plantillas para reparar mis zapatos y caminaré cada vez que vaya con tiempo de sobra rumbo a algún lugar. Ahí es donde hay que concentrar el esfuerzo. En comer papaya, tallarse con esponja, visitar a un amigo, reír y amar, fumar menos, cortarse el pelo, echarle ganas, despintarse las uñas de los pies, escribir algo, sentarse en el parque, comprar un caramelo, encender una vela, decir dulces sueños, sentirse bien.

jueves, 31 de julio de 2008

La travesía

A este arrullo nunca le hace falta que las magnolias respondan el llamado de ninguna voz. Será el odio limpio, exhalación de mis cuadernos llenos, quien diga qué habrá que dejar sin nombre o el llanto corriente formando apenas una mancha, ni una pluma, ni un candil.
A oscuras sobre la calma exprimida, una vela se enciende y se iza, se derrite y remonta el magma pétreo expulsado del corazón. Un río maduro baja en cascada los peldaños de arcilla con los que fue horneada mi vida y un par de hojas reverdecen en el mástil. No es que sea otoño: dar un paso en la dirección contraria es igual que haber andado la circunferencia entera del mundo, y los barcos fueron pensados para no salir volando por ahí de manera aparatosa.
En tierra firme las culebras urden poros en el lodo y los caracoles van a dar contra fanfarrones comensales de apretados labios. Que ellos coman y oreen sus tubérculos.
Mi camarote sólo ha escuchado al Victoria dividiendo las aguas de un mar blanco tejido por las anémonas. Si alzo la mano levanto brazadas de granos de arena, embriones de perla, confites para las almejas, lenguas de ostra, paladares marinos. Mi saliva dulce apacigua la hora en la que el sol se bebe cualquier sombra; con los años he trazado las rutas de navegación en los mapas al dorso de mis manos. Si se avecina algún mareo, recostado boca abajo enumero peces con alas hasta quedar dormido y cuando hay tormenta me lavo la espalda curtida, cubierta de escamas.
Se está bien aquí.
Sólo extraño en ocasiones el jugo que crujía al arrancarle el olor de una flor al pasto húmedo. Las espigas de trigo seco y el sonido del viento separando el salvado de las semillas. Sentarme a la orilla de un estanque y escoger un guijarro, lanzarlo al ras de la superficie y que se deslice tocando los círculos de una escala hasta hundirse hueco en el agua tensa. Alzaba a los niños pequeños y los llevaba en hombros jugando al caballo y los jinetes. La luz del faro con su uniforme a rayas. Caminar en la fresca noche de un verano por las calles de adoquines, comprar una cerveza y tomarla en la banqueta fumando un cigarrillo viejo. Un gran plato de tuétano. El sabor del sudor de una muchacha y asistir a un entierro.

viernes, 18 de julio de 2008

Los mudos

Anticipo el ápice y cómo alcanza mis ojos con un punto. Retengo el titubeo callado, el asombro. Mi puño respira. Quieta y de la sangre me destila lo grave de la memoria, luminosa arena. Escalones de piedras de miel y ligeros quebrados. Las cavidades pierden a gotas el flujo celeste y debajo de la lengua un arcoiris diminuto anuda la transparencia de mi pulso. Condensados, nubes negras que sonríen en gajos nos vamos por la alcantarilla. Por qué no. Probaremos qué tan hondo se lleva la vida arraigada revueltos en agua con sal, arrastrados por la fuerza de una perla, sostenidos por la forma centrífuga de avanzar hacia adelante.
No te extingas Ventana, tornasol burbuja no nos lleves, que mi pulso no tiene nada que darte tobogán, no nos tragues, no te alejes.
Llévate mi voz. Anda vete, somos tercos. Con lo que quede haremos lo mejor posible.
Tejeremos en silencio. Palpitando. Abrazados, creciendo.

miércoles, 2 de julio de 2008

Llegar tarde

Brinco de la cama una hora tarde para llegar al trabajo. Las sábanas marcadas en los brazos, una cara de ampolla que dios mío, el ardor a la altura de los omóplatos, el susto que me llevo los primeros segundos de vigilia durante los que imagino que son las cuatro y media de la tarde y la decepción que conlleva el hecho de que no sea así porque de ese modo ya no tendría que ir al trabajo ni moriría de ganas de seguir durmiendo ni tendría que hacer todo lo que me falta hacer en el menor tiempo posible. Odio las prisas. Qué me pongo: unos jeans sucios y una playera chistosa. Ok. Calzón, brassiere, calcetines, tenis rojos. Entro al baño, abro el agua caliente, espero al borde de golpear el suelo con el pie repetidamente.- I´m on a rush here MAN!!!!-. Shampoo. Siempre que me lavo la cabeza me parece que soy un animal peludo recibiendo un baño antipulgas: mucha espuma, bien fregadas las sienes atrás de las orejas los nacimientos del cabello. Esponja, más espuma, olor a limpio, a ver si así se me quitan el pinche mal humor, la celulitis, los granos, la panza, la piel seca, los pelos porque no me da tiempo para rasurarme y una depilada no te vendría mal, Frida Kahlo. Me enjuago de autolavado. Saliendo de la regadera omito todos los procedimientos que podrían hacer que, a largo plazo, se me quitaran las aflicciones antes mencionadas: NO sonrío, NO me pongo la crema anticelulitis ni la antibiótica ni la reafirmante ni la hidratante. NO hago mi rutina peor es nada para tonificar los tríceps, mejor conocidos como “El pellejo del adiós” por el grotesco vaivén que ejecutan cuando te despides de alguien agitando el brazo en alto, por supuesto NO me quito un solo vello facial. Más espuma en la boca (te voy a lavar esa boca con jabón niña) y el dolor de la muela del juicio. Qué nombre tan bonito, tan atinado, juicio oral, mal juicio, perder el juicio. Un día debería ir al dentista. Pá: ¿Me das un aventón? A huevo. Me voy a vestir y algo me interrumpe. En verdad debo haber estado muy dormida cuando pensé que podía llegar una hora tarde al trabajo y vestida así. Bueno, hasta para ir al súper en domingo le he echado más ganas que eso, estás muy mal si crees que es el momento de utilizar tu negro sentido del humor para escoger tu ropa. Nuevo proyecto. Nada despampanante pero al menos nadie va a darme una moneda si por algún motivo estiro la mano en un semáforo. El nuevo vestuario sugiere que tengo un hogar en el que hay reglas de higiene, luz eléctrica, una plancha y cosas de ese tipo. Chido. Pá: ve sacando el coche, te veo abajo. Lo que sigue es que llevo dos meses queriendo ir a cortarme el pelo con algún chico llamado Miguel o Ulises, digno del título de estilista y dueño de su propia estética unisex. ¿Estilo? ¿Estética? ¡¡¿¿QUEEQUÉEEEEEEEEE??!! Nada de retórica y qué pedo con qué me dices de la filosofía trascendental; Haz lo que puedas mamacita. Obviamente todo mal con ese look wet/out of bed. Medespertétarde/mebañédecaca/meuntéalgopegajosoenelcabello.- gritaba mi peinado cuando salí de mi casa, eso sí muy unisex, no sin antes agarrar sudadera, chamarra, yogur, llaves, cigarros, celular, ¿No se me olvida nada?... ¡Los lentes! Vaya pendejada. No quiero saber cómo acabaría esta historia si me hubiera atrevido a liberar semejante atarantada, en el mundo exterior, sin lentes: Muere de herpes por besar a un indigente creyendo que era un amigo. Listo, no se me olvida nada. ¡VAMONÓS! Ya en el coche a dónde va toda esta gente. ¿Qué nadie llega temprano al trabajo? Carajo, si son las diez y pico de la mañana. Pá: todo bien pero vas a veinte. Las caras de los apachurrados contra las axilas de otras personas dentro del Metrobús. Sí, sí, es incómodo. Pero qué tal ahorita con el coche a ver bríncale puto. No hay conductor tan tenáz como para librarse de esta y ellos estarán preocupados por su espacio vital pero pasan a toda velocidad y si pudieran agitarían sus pellejos del adiós y cantarían a coro un lindo ADIÓS IDIOTAS! Después de Barranca ya me tomé mi yogur y abrí la ventanilla: ya puedo verbalizar algún pensamiento que no provenga de mi Cerebro Reptiliano. Le marco a mi jefe.- Jefe: me quedé dormida-. Sorbe un cafecito y tiene la, de veras grande, amabilidad de preguntarme que si estoy bien. ¿Estás bien? Cuando le contesto que sí, mi nariz rompe el parabrisas y le crecen hojas verdes en la punta.- Voy en camino-. Pasando Eje 5 “que si estás bien” deja de ser algo tan descabellado. Me miro en el espejo the objects in mirror are closer than they appear y, más allá de lo metafísico de la afirmación, definitivamente estoy más cerca de lo que aparento. Lo único muy descabellado sigue siendo mi peinado pero ya ni pedo. Todo empieza a estar un poco mejor. Pá: Gracias. Te quiero. Buen día. Chau. Me bajo del auto y, paso a pasito, va disminuyendo la distancia que hay entre yo y mi escritorio y van aumentando las cosas buenas hasta culminar en un gran YA LLEGUÉ.

martes, 3 de junio de 2008

Bolsa

*Cartera:
212 pesos.
Un calendario 2008.
Una estampa religiosa.
Credencial del seguro médico.
Tarjeta del Metrobús.
Tarjeta Ladatel.
CURP.
Un ticket de compra de cigarros.
Un ticket de compra de café y cigarros.

*Estuche de lápices:
Cinco plumines de colores negro, café, rojo, morado, verde.
Una pluma fuente de tinta azul.
Dos plumas Bic azules.
Un lápiz.
Un sacapuntas.
Una goma de borrar.
Una memoria USB.
Una lamparita para leer.
Corrector para tinta.
Un plumón marcatextos amarillo.
Un plumón permanente negro.
Una regla de aluminio de 15 cm.
Un bloc de Post-its.

*Estuche de cosméticos:
Perfume.
Cepillo de dientes.
Pasta de dientes.
Ventolín.
Iliadín.
Una tira de paracetamol 500 mg. Tabletas.
Supradol sublingual.
Un tubo de humectante para labios.
Desodorante.
Crema para el cuerpo.

*Cigarrera:
Un cigarro.

*Dos encendedores.

*Una computadora portátil.

*Cable de la computadora portátil.

*Un juego de llaves.

*Un paquete de galetas Kracker Bran.

*Una paleta Mimi.

*Un teléfono celular.

*Un cargador para teléfono celular.


*Libreta:
Propaganda teatral.
Separador.
Boleto del Metro.

*Libro Teatro completo, Antón Chéjov:
Separador.

*Discman:
CD Toxicity, System Of A Down.

*Una caja para CD:
CD Preferidas, Radiohead.

*Pasaporte:
Visa.

martes, 27 de mayo de 2008

Pájaro que brilla:

No siempre se puede ser primavera...
Ha de morir lo que haya nacido.
Brillan las lágrimas y la saliva,
las cucarachas también vuelan.

No brotará lo que no hayas tendido:
equinoccio la marea no tejerá nuestro duelo.
Quedar despierta aunque sólo fuera mi puño,
sin párpado el otoño, sin lengua el alfarero.

Antes, tendría que infectarse todo lo inmune:
el agua brilla en el fondo de un pozo seco.
Así como el barro ha fraguado en ladrillo,
también en la almohada han quedado los sueños.

Hazte estambre, Pájaro que brilla, abrígate en mi pluma,
recuéstate en mi apéndice.
Brilla también el hielo... vuela tu nido y vuela lejos.

jueves, 22 de mayo de 2008

Antonio di Benedetto, alquimista.

He aquí un ensayo que escribí sobre Zama, novela de este magnífico autor argentino. Si hacen clic en el vínculo pueden leer el primer capítulo de la novela y si exploran en esa página pueden encontrar más de su trabajo y ensayos de otros autores acerca de su obra. También recomiendo el prólogo a El silenciero escrito por Juan José Saer.

A veces dar una opinión es cosa difícil, sobre todo cuando uno es interpelado por una obra y después se exige tomarle cierta distancia para poder objetivarla. Pero me doy cuenta que eso no es necesario, tal vez ni siquiera posible, sino más bien es uno de esos pedidos periodísticos que uno trae tatuados en la frente y contra los que se tiene que luchar para acceder a la creación verdadera. Antonio Di Benedetto es un asombroso ejemplo del carácter del creador, el daño está hecho y hacer un ensayo sobre el efecto que su obra tuvo en mí me aleja de toda posibilidad objetiva.
Zama fue escrita en la década de los cincuentas. Di Benedetto tenía treinta y un años cuando terminó de escribirla. Albert Camus, que era nueve años mayor que Di Benedetto, publicó El extranjero nueve años antes de la primera edición de Zama. Tal vez no quepa la menor duda de que Antonio leyó a Camus pero ese no es un dato posible de ser verificado por mí. Lo que en realidad trasciende no es que estos autores se hayan reconocido uno al otro, ni que hubiera sido sólo Di Benedetto el que se encontrara con el trabajo de Camus; lo que verdaderamente importa son las resonancias entre dos seres humanos en dos costados del mundo, movidos por algo distinto que, al transmutarse en literatura, da a luz obras hermanas.
Imagino un encuentro entre el Diego de Zama de Di Benedetto y el Sr. Mersault. Beberían en silencio. Parecerían a media distancia dos hombres indiferentes a todo, inabordables, de esos a los que los niños no se acercan. Pero hay una profunda y sutil diferencia entre los dos: A Mersault no le importa estar ahí, simplemente no pude importarle, le da exactamente lo mismo eso que cualquier otra cosa. Zama, en cambio, guarda un brillo febril en las pupilas. Reconoce la naturaleza de Mersault parecida a la suya, huele la sensibilidad.
Cuando leía El extranjero tenía ganas de correr hacia él y prenderlo de los hombros, gritarle por qué nada te importa, por qué nada te conmueve. Sentí a lo largo de toda la lectura una profunda frustración y una gran tristeza y distinguí en Mersault a un hombre completamente distinto a mí. Confieso que Zama produjo en mí el efecto contrario. Zama es un guerrero doble: por un lado defensor de su propio carácter de tan humana factura, perfecto balance entre humildad y soberbia. Por el otro, se defiende de la naturaleza misma del hombre y mantiene un estrecho duelo con ella. Las más de las veces es sometido por esa fuerza superior a la suya, mas nunca sucumbe. Sobrevive. Zama no se niega a la vida ni a su exhuberancia pero la padece. Si la historia estuviera contada en tercera persona parecería que Zama sufre como cualquiera. Como es él el que nos la está contando nos damos cuenta de que no es así. Estamos frente a un ser sensible que enuncia su percepción del mundo, delineada por el exilio, el extrañamiento, la desesperación y la esperanza, las necesidades del cuerpo, las inquietudes de la conciencia. Zama es un ermitaño y sin embargo no renuncia a nada que pueda procurarse. Sólo que su albedrío está limitado por sus circunstancias, la geografía de la tierra que pisa, la jerarquía que ocupa en su sociedad, como el del resto de los hombres.
Di Benedetto crea un universo completo y concreto, luego lo acuesta en el suelo y unge cada centímetro de su superficie con manteca clarificada. Después que la grasa ha aprehendido todos los humores, el alquimista la retira y la separa en partes. Destila a fuego lento una pequeña cantidad. Las pocas gotas de extracto caen por el extremo de la pipeta a un embudo y dentro de un frasquito. El alquimista tapa el frasco y escribe una etiqueta con letra manuscrita: Za-ma. Una muestra única de la condición de ese universo concebido, esencia depurada y pulcra, el autor de esta novela ha sintetizado en ella algo que parece vulgar porque todos lo deseamos, pero que los demás seres sensibles valoran de sobremanera. Lo que las religiones prometen y menosprecian. Lo que importa verdaderamente para quienes existen, prueba de que a la ontología le sobra un pedazo; ser y seguir siendo es a lo que aspira el hombre. En ese frasco está la vida eterna reducida a algunas gotas y la trascendencia casi tangible del alquimista que logró crear algo vivo sólo con palabras.
Yo destapé el frasco. El aroma evocó ante mí un hombre espejismo que no me atreví a tocar, mas pude verlo encarnado. Pude oler entre sus clavículas con los ojos cerrados, sentir el calor y la templanza de su cuerpo, mirar en sus ojos la pasión y la aversión por la vida. Poseía tres almas: la del alquimista, la del personaje ficticio y la del hombre que fue y contenían a todas: las de todos los hombres. También la mía, también yo formaba parte de ese espejismo. El hombre me contó su historia, en su voz sonaban las tres en un acorde. Mientras hablaba quise ser parte de esa historia, deseé haberme cruzado por su camino, que él me deseara. Sentí celos de Marta, de Rita, de Lucrecia, de Emilia, quienes compartieron con él la vida, el mundo, la carne. Quise tocarlo pero me contuve. Prolongué nuestro encuentro sin darme cuenta de que lo hacía, escuchando los ecos, los susurros de las otras voces que componían la suya, sintiendo que lo comprendía de una manera tan profunda que aún ahora me sigue consumiendo en la conciencia. Fui flechada, empalada, por ese ser y por esta novela. La herida no se ve, pero el olor del espejismo permanece, lo puedo saborear. Sigo escuchando los ecos y disfrutando el dolor que me infringió en la piel. Si se infecta o cicatriza no me importa. Me queda, humilde y soberbio, el orgullo de haber sido cautivada por su trino y el deseo de que algún día otros escuchen mi voz en esas voces.
Antonio Di Benedetto nació en el mismo lustro que Ernesto Sábato, Julio Cortázar, Francisco Tario, José Revueltas, José Alvarado, Marguerite Duras y creo que las obras de estos autores tienen resonancias entre sí. Desciende de autores como Franz Kafka, James Joyce, Marcel Proust, Virginia Woolf, Jean Paul Sartre, Albert Camus, Samuel Beckett, William Faulkner, Ernest Hemingway, Alejo Carpentier, Juan José De Soiza Reilly, Roberto Arlt o Jorge Luis Borges. Otros escritores más recientes han confesado el efecto de interlocución que les produjo Di Benedetto, como Juan José Saer, Ricardo Piglia o Roberto Bolaño. Saer reúne a Di Benedetto con los narradores existencialistas.
Con esa manteca embebida de su propio universo, Di Benedetto fue creando, al parecer, todo su trabajo literario. Nos enseña que no se puede ser tan poco tenaz como para creer que basta con tener un universo; el acto sublime se lleva a cabo cuando ese universo queda representado, convertido en arte. Empecé con Zama, seguí con Cuentos del exilio y ahora estoy leyendo El silenciero. No cederé hasta haber leído cada una de sus palabras publicadas y si de ahora en adelante me fuera prohibido leer a cualquier otro autor, me parecería justo. Conocer tan solo lo inteligible de un universo distinto del mío, cada una de las partes que fueron susceptibles de ser escritas por esa asombrosa voz, tal vez sería suficiente para alimentar este hambre. Quién mejor maestro que uno que se dedicó a ponderar la existencia humana aparentando incluirlo todo y logrando salirse con la suya. Yo pude sentirlo como si fuera verdad y nada más contemplé unas de sus constelaciones. No puedo esperar a lo que sigue.