jueves, 21 de febrero de 2008

Libertad on line

Estoy en el Wings de Perisur. Vine a este extraño recinto a comprar mi regalo de cumpleaños. Creo que necesito trasladarme al Péndulo ahora que ya lo abrieron, ya que el express cortado del Wings, no apesta tanto como el de Sanborns, pero apesta de todas formas. Además el ataque de pánico se siente cerca, aunque me tranquiliza un poco saber que el Juli está en algún lugar de este centro comercial y que cualquier suceso extraño sólo tengo que correr a buscarlo. Lo familiar me trae calma. La conexión a internet velociráptor del Wings también me proporciona algo de paz. Finalmente aquí, inmersos en este nudo binario, están otros que también me quieren. Memo Vega, Biquie Aupart, sin saberlo la hicieron de oreja. Muchas gracias. Me mudo al Péndulo esperando que tengan también conexión a internet. Si no, de todas formas los lugares llenos de libros, sin importar la canidad de snobs que lo pueblen, se sienten distinto en el alma. El Péndulo huele a café tostado y las traducciones españolas impagables de Chuck Palahniuk carecen de su envoltura, así que se pueden hojear. También tienen una edición maravillosa del Finnegan´s Wake editada en Cork, ahí mero donde fue escrito, un estante completo con las versiones de Bonifaz Nuño de las siete maravillas del mundo según mi escala de valores y una mesa de editorial Siruela. Las solapas de lis libros de Siruela se sienten rico al tacto.
Me voy de aquí en busca de texturas que sean de fiar y la probable mudanza del express cortado al azahar con miel.
En tí confío, al menos mientras estoy en tránsito, querido blog aeroportuario.