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miércoles, 28 de enero de 2015

Duelo N° 10,934


Un enjambre de libélulas se revolvía flotando en el espacio ante las nubes, dos grandes nubes que se reunieron borrando el azul entre medio, se volvieron una y siguieron de largo rumbo al Este, hacia el río.
Las loras hacían jaleo ocultas entre las ramas de un fresno. Un niño perseguía con pasos inseguros las burbujas que su madre formaba al soplar a través de un alambre con forma de lupa forrado de estambre. Las ramas de las araucarias se mecían serenamente, como esos animales-planta que viven prendidos a las paredes de los abismos en lo hondo del mar.
Pude ver todo eso cuando estaba tumbada sobre la manta. Ahora escribo en mi libreta, veo mi sombra, mi vestido. Lo demás se ha ido y sólo queda esto. No se puede escribir boca arriba.

sábado, 25 de enero de 2014

Duelo #10,566/Tres veneno.

* VOS SOS DIOS, AMOR. 
  YO NO SOY NADA. 
  DIOS ES AMOR Y EL AMOR NO ES LA NADA.
  NADA ES 
  AMOR. NO HAY DIOS EN LA NADA. VOS NO SOS EL AMOR, 
  NO HAY AMOR, NI YO, DIOS, SOS, ÉL,
  Y VOS, 
  AMOR,
  SOY,
  EN,
  NI.
  NI EN MÍ.

  SÍ (...)

  SÓLO ELLA HAY EN LA... 


  NO, NADA.

viernes, 17 de enero de 2014

Padre Veneno y los merodeadores


Padre Veneno:
Cómo soy con los ojos cerrados. Cómo no soy. 
Atravezar el parque de noche, cuando no hay nadie 
con los ojos cerrados. Irse a la cama, de noche 
y cerrar los ojos
permanecer despierto hasta el otro día y levantarte, con los ojos cerrados.
Sin haberlos visto, sin haber podido cerrarlos sin haberlos visto/
abiertos.
Sin haberlos abierto.
Sin verlos. 
Sin haberlos visto cerrados. 
Nunca antes haberlos cerrado. 
El veneno es una flama intensa que arde detrás de los ojos,
su cortina de fuego anaranjado rodea mi mente.
La mente de la cortina de fuego. 
La ilusión de que somos sólo lo que nos rodea. 
Me rodea. Sólo eso. Así. 
Merodea.
Cerrar la cortina para que te quedes durmiendo como si fueras mi padre. 
Mi madre, su cuerpo tendido color hueso, teñido de tibio como un papel dorado. 
El tiempo de las palmeras meciéndose delicadamente. Mañanas nubladas.
El aire que entra por la ventana. 

La música se apaga. 
Los ojos salados. 
Palpitan.
Acuosos. 
Se miran.
A ti. 
Mi cuerpo. 
Tu mano.
La música se calla Ojitos verdes. 
Ojales. 
Soldado.
Tira del hilo. 
Entre igual.
Resultado
✈_ _ _ _ _

martes, 24 de septiembre de 2013

Todos vuelvan

Un pedazo de masa se desarrolla en mi garganta. Está a mitad de camino entre lo que quiero decir, lo que me he fumado y masticado en estos días y en todos estos años, un año nuevo marcado por la ausencia de gracia, y la gracia que todolo entrega. Las cosas que soban y las que se meten en la casa, todos estos juegos de llaves metidas en argollas que evocan los pañuelos de todas mis primas y de las abuelas, un tejido de algodón color de rosa, de azúcar, Lucía y Julieta. Esos nombres juntos para siempre en la ciudad de Babel, donde todos se encuentran entre las distintas palabras y músicas, conociendo todos los lenguajes al mismo tiempo, bibliotecas vivas de mambo y música de los noventas, la década en la que nuestros amigos nacieron a las trompetas subtropicales, las moléculas subatómicas, los comportamientos de las distintas sales, de todo el plomo que nos comimos alrededor de nuestros combustibles y nuestros vehículos, todo este humo quemadándose y nadie que sepa cómo se cierra la canilla del gas, dónde carajos quedó sepultada bajo todo este cemento. Una tira, una historieta enorme de palabras que dibujan las imágenes de un circo de mujeres pequeñas con grandes pectorales, la lengua lastimada y un poco de saliva en las heridas, la miel del cuerpo inerte, de todo lo que se le pega cuando escuchamos las sirenas y tienen dientes y escamas como plumas, tener semillas y regalarlas, lentejas en cuencos tirando raíces porque están cargadas de un jugo blanco y si tomaras un vaso de eso tal vez podrías morir con sólo, apenas, tocarlo con tus papilas. Como una púa de vida en la punta del cuchillo, una manifestación del veneno que concentra los poderes creativos, la potencia del oscuro y la del blanco, la luz infrarroja que quema los negros. Juegos continuos de colores y texturas desfilan ante nuestros cerebros llenos, hay algo de panfleto, de lo que entre todos dicen, eso que se data comoformando filas o pilas, cadenas enteras de manifiestos estares, qué postura ante la máquina como tirada en el suelo, con el pelo largo y despeinado en el living de tu casa o de la casa de tus viejos, la casa vieja en la que estaban esas personas sentadas en el patio al fondo de un pasillo de ladrillo visto sobre el que trepan los tallos de hiedra. Me voy a ir a dar un baño, como para dar otra vuelta.
Aquí volví, dicen en provincia.
Vino un chico a la pieza y me sirvió más cerveza. Es martes a la noche. Volví de la Casa 13, fumé marihuana y tuve miedo de la cana, me puse una gorra y los tacos fluorescentes. Hay un cienpiés en mi cabeza, no es de goma ni de seda, su larga cola gris se asemeja a la de una muñeca sin cabeza.
A mí también me duele el pecho, no me duele diario, pero puedo sentir como se afilan mis huesos, sus puntas se proyectan hacia la enormidad de mi vaso de cerveza. Los 30 se celebran. Al gato le gusta que yo juegue con los dedos, que peguen sobre el tapete, su cola se mueve y los bigotes se le hacen para adelante como antenas, hace una mueca. Tal vez vuelva.