viernes, 17 de enero de 2014

Padre Veneno y los merodeadores


Padre Veneno:
Cómo soy con los ojos cerrados. Cómo no soy. 
Atravezar el parque de noche, cuando no hay nadie 
con los ojos cerrados. Irse a la cama, de noche 
y cerrar los ojos
permanecer despierto hasta el otro día y levantarte, con los ojos cerrados.
Sin haberlos visto, sin haber podido cerrarlos sin haberlos visto/
abiertos.
Sin haberlos abierto.
Sin verlos. 
Sin haberlos visto cerrados. 
Nunca antes haberlos cerrado. 
El veneno es una flama intensa que arde detrás de los ojos,
su cortina de fuego anaranjado rodea mi mente.
La mente de la cortina de fuego. 
La ilusión de que somos sólo lo que nos rodea. 
Me rodea. Sólo eso. Así. 
Merodea.
Cerrar la cortina para que te quedes durmiendo como si fueras mi padre. 
Mi madre, su cuerpo tendido color hueso, teñido de tibio como un papel dorado. 
El tiempo de las palmeras meciéndose delicadamente. Mañanas nubladas.
El aire que entra por la ventana. 

La música se apaga. 
Los ojos salados. 
Palpitan.
Acuosos. 
Se miran.
A ti. 
Mi cuerpo. 
Tu mano.
La música se calla Ojitos verdes. 
Ojales. 
Soldado.
Tira del hilo. 
Entre igual.
Resultado
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