miércoles, 29 de julio de 2015

Carta En Off al Dr. René Favaloro o El experimento

“(…)
En este momento y a esta edad terminar con los principios éticos que recibí de mis
padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer.
(...)

Sólo espero no se haga de este acto una comedia.”


René Favaloro.
Carta a Fernando De La Rúa, Presidente de la República Argentina.
29 de julio del 2000.




Estas primeras líneas que están aquí escritas no tienen la menor importancia, los editores contemporáneos la cortan sin dudarlo; a ningún lector le interesa saber lo difícil que es empezar por el principio, encontrar un principio, alguno, mucho menos se hable de vivir -o morir- respetándolo. Dicen que estos párrafos menores sirven solamente al escriba para aflojar la mano, no importan las ideas ni su orden, mucho menos los sentimientos de un joven muchacho o un viejo sepultado en algún lugar de la vibrante Buenos Aires. ¿Cómo se encuentra esta noche en su tumba, Dr. Favaloro? Calculo que las cornetas de la victoria se escuchan ahí como gemidos de antiguos mastodontes.

El día que Ud. terminó con su vida encontré a mi abuela Lucía llorando en la cocina, escuchando la radio, dentro de veinte días habrán pasado exactamente catorce años. Me contó lo que había ocurrido. Entonces, apenas pude comprender por qué lloraba mi abuela; sin duda era una ironía. Me imagino a un joven René las noches de guardia cabeceando junto a una camilla, renegando todos los días de su vida con dios y con el diablo por culpa de una estúpida válvula viva, perfeccionando en su cabeza un invento
que cambaría para siempre la historia de la medicina mientras decenas de familias lloraban en las salas de espera del Hospital Güemes por una puta orden grande de papas fritas con huevo y queso, rezando para que la cena de la noche anterior no hubiera sido la última de aquellos hombres muertos, todas esas cabezas de familia.

Lo que no entendí en aquel momento es lo que ahora entiendo, y por ello es que escribo esta carta para un suicida. Quizá sabiendo que alguien comprende el motivo de su muerte verdaderamente -aunque ya no importe- Usted sienta por un instante que todo valió la pena. Siento pena, Dr. Favaloro, y hoy entiendo por qué se quitó la vida. Quizá esta lección evite que yo consiga disipar mis locas ideas de volarme la cabeza, pero las ideas siempre son difíciles de ordenar, ya lo dije más arriba, tal vez a Usted no necesito explicarle demasiado.

Voy a decirle algo que quisiera decirle a otras personas pero no puedo, por eso me gusta hablar con los muertos. Me siento honrada de que Usted reciba ahora mis palabras; no tengo nadie con quien hablar y nadie mejor que usted comprendería. Mire...

Yo no soy ciudadana de ninguna parte, no tengo obligaciones civiles más que las  que proceden de mi propia ética, y quiero decirle esto a los ciudadanos del mundo, a las personas de América sobre todo, mi patria grande, mi pedazo de tierra:
Así como soplan la corneta cerca del Abasto, con la misma entrega a la Nación Argentina, a esta tierra que no es mía -todos los días lo recuerdo-, con la misma fuerza habríamos de hinchar para ser todos un equipo. Así como ahora, todos los días. Porque el Campeonato Mundial de Futbol, Dr. Favaloro, me hace sentir pena por los seres humanos, porque ahora festejamos estar todos juntos, tener la misma camiseta y experimentar la misma alegría, pero nunca hacemos eso mismo unos por otros sin el teatro que montan las multinacionales, sin este gran circo que montó la Organización de las Naciones Unidas. Nunca -o casi nunca- somos de abrazar a los que están al lado con el corazón en la mano, ser auténticamente felices, nunca por sus logros, ni por los míos, por nada que venga del prójimo, mucho menos por el sólo hecho de estar aquí reunidos.

Reconozcámoslo: somos marionetas.

Suena lindo la alegría, suenan lindo las trompetas, esta tierra es hermosa y está llena de gente sabia y de gente buena. Sólo por hoy estamos juntos para siempre. Sólo por hoy somos compañeros incondicionalmente. Ganamos por penales, todo gracias a Sergio Romero, arquero de la selección Argentina. Me da mucho gusto sin duda por él, y por su equipo. Alegrémonos todos, pasemos la noche en vela bebiendo, brindando, cantándole a nuestra patria, a nuestra bandera. Pero ¿Por qué no podríamos ser así de unidos por nuestra gente? ¿Por qué no podemos pedir con el mismo ahínco? ¿Por qué no podemos llevar a cabo las tareas de educación y servicio, el trabajo de devoción y confianza que exige ser parte de una República y seguimos fomentando su Soberanía? ¿La Soberanía de quiénes?

Desearía, Dr. Favaloro, que este momento se congele y sigan sonando en mi ventana las cornetas eternamente. Desearía ser víctima de esta alegría, que me arrobe, que me eleve, que me lleve más allá de mí misma, a deshechar la ignorancia, a la conquista de la sabiduría. Que a cada quien en su casa, frente a su tele, con su cerveza Quilmes, con nuestros YPF, que a todos nos pasara lo mismo,
que tuviéramos una epifanía.

Pero mañana todo va a volver a la normalidad. El día de la patria va a quedar atrás y no tendremos que plantearnos si San Martín o Bolívar o José María Morelos eran en verdad libertadores o sólo querían dejar de pagar impuestos a la Corona de España para quedárselos ellos. Qué le importa eso ya a los pueblos independientes de América. Qué carajos le importan estas preguntas a nuestra autonomía.

Mientras escribo estas líneas miro en el Facebook las fotografías de cómo explotan manzanas enteras en lo poco que queda de Palestina. También leo el Código de Núremberg, el mismo que Ud. cita en su carta suicida. He aquí algunos de sus principales artículos: 

* El experimento debe ser tal que dé resultados provechosos para el beneficio de la sociedad, no sea obtenible por otros métodos o medios y no debe ser de naturaleza aleatoria o innecesaria.

* El experimento debe ser realizado de tal forma que se evite todo sufrimiento físico y mental innecesario y todo daño.

* No debe realizarse ningún experimento cuando exista una razón a priori que lleve a creer el que pueda sobrevenir muerte o daño que lleve a una incapacitación, excepto, quizás, en aquellos experimentos en que los médicos experimentales sirven también como sujetos.

* El grado de riesgo que ha de ser tomado no debe exceder nunca el determinado por la importancia humanitaria del problema que ha de ser resuelto con el experimento.

* Deben realizarse preparaciones propias y proveerse de facilidades adecuadas para proteger al sujeto de experimentación contra posibilidades, incluso remotas, de daño, incapacitación o muerte.

* Durante el curso del experimento el sujeto humano debe estar en libertad de interrumpirlo si ha alcanzado un estado físico o mental en que la continuación del experimento le parezca imposible.

* Durante el curso del experimento el científico responsable tiene que estar preparado para terminarlo en cualquier fase, si tiene una razón para creer con toda probabilidad, en el ejercicio de la buena fe, que se requiere de él una destreza mayor y un juicio cuidadoso de modo que una continuación del experimento traerá probablemente como resultado daño, discapacidad o muerte del sujeto de experimentación.


Me pregunto qué clase de experimento está llevando a cabo la FIFA. Si realmente vale la pena ser testigo de esto y tratar de seguir vivo a pesar de sus signos, a pesar de no morir en el intento por qué nadie ejerce su poder de cambiar el mundo, de darle una patada en el culo al dinero, de dejar de pedirle educación al abstracto ente de El Gobierno, dejar que todo se resbale, como una dosis de morfina. Una dosis de taurina para seguir adelante sin importar para qué carajos, queremos libertad y no tenemos nada, una victoria en un partido de futbol, por ahora, para Argentina, y el mundo se vuelve cada vez más cruel, Doctor. Gente necia, vos, yo...


Ayúdeme desde el lugar en donde se encuentre. Cure este mal que me afecta:

Afecta mi corazón, aprieta mis venas.

Permítame pensar que todo esto vale la pena...

Mañana vamos a ser mejores personas. Vamos a dejar de ser quienes somos ahora.

Súbitamente

toda la historia nos va a importar una mierda

y vamos a mirar al que está al lado, vamos a

preguntarle

qué le hace falta,

y si podemos dárselo se lo demos,

y si no, podemos pedírselo a cualquiera de nuestros hermanos.

Y ser libres finalmente.

Sin la muerte.

Sin la adaptación del más apto.

Quiero vivir, Doctor Favaloro.

Quiero vivir sin Estado.

Sin La Lectura Equivocada.

Sin que el camino del héroe sea siempre un gran fracaso.

Desearía que estés vivo, Favaloro, y que viviera mi abuela.

Que vivieran los héroes de la Revolución Industrial,

Conocer a los que sobreviven.

Eso quiero.

No estarte hablando a vos, a los borrachos,

una fría tarde de otoño.

Estar muy cerca tuyo y aprovecharlo.

Aprovechar tu calor.

Aprovechar tu abrazo.

Sacarle el jugo como una manzana Neuquina

o del Estado de Washington.


Escrito el 29 de julio del 2014 durante el Campeonato Mundial de Futbol de Brasil para el proyecto Favela 11.