martes, 20 de agosto de 2013

Diario de Casa 13, Cinética de la percepción

Qué suerte que tengo de que exista el lugar común, el rincón quieto, el sitio donde podramos hallar un refugio cuando tengamos frío, hambre, miedo o no tengamos dinero. ¿Cuánto cuesta un día más de estar vivo? ¿Cuánto es lo que dices que te debo? ¿Cuándo te cansarás de enumerar todo lo que me es ajeno?
El living quedó limpio. Por mi parte hay una pieza lista, son paquetes rellenos de folletos instrascendentes; no estoy diciendo que lo que anuncian no hubiera tenido importancia, sólo su información ahora, tras el paso del tiempo, pareciera que todo lo que dicen ya lo sabemos.

Encontré muchas revistas y la colección completa del poemario Troquel, un libro enorme, lo dejé sobre la mesa del living, quizá lo tenga que volver a meter al mueble.
Después de mirar todos esos folletos, catálogos, propagandas, invitaciones, quedé descompuesta. La información cuando la obra està ausente es sólo el ego que queda, incluso algunas impresiones con fotos de obra plástica, las rescata su estampa, una imagen que podría tomar otro lugar humilde, un lugar gustoso en alguna otra parte. Si no, podría hacerse un muestrario, sobres llenos de reproducciones, practicar el arte del reciclado.
Es por eso que éste es un proyecto a largo plazo, porque hoy nada más me quedan ganas de llenar este diario.
Habrá que ver qué queda al final, hacer con ello un collage, un encuadernado. Por suerte los pibes tienen pilas. Creemos con certeza que es este y no otro nuestro trabajo.
El comedor está muy despelotado pero algunas cosas ya tienen su espacio, ojalà todos corrièramos con la misma suerte, ojalá el mundo no sea un lugar definitivo.
Deseo el vacío.