domingo, 14 de febrero de 2010

Abordando

Hay varias teorías que dicen que los seres humanos APRENDEMOS las estructuras. Casi creería que en realidad TODAS las teorías dicen eso: Que al nacer somos unos “animalitos”; dicho esto desde una incapacidad absoluta de observación y comunicación con el resto de las especies animales que habitan nuestro planeta, que, para quienes no se hayan dado cuenta, son igual de grossos que nosotros; unos seres inútiles, carentes de facultades cognoscitivas e incapaces de saber dónde carajos estamos parados, quiénes somos o por qué.

¡Mentira! Hasta a algunas neo mamás de esas que no están interesadas ni en pujar para tener un hijo he escuchado diciendo que le hablan a su bebé y siente tal cosa y siente tal otra. Supongo que Hegel o Sócrates se dieron a la tarea antes que yo de valorar si sentir es igual a pensar, o igual a saber, pero esta no es la primera vez que vamos a disertar sobre una pelotudéz. Nada de lo que diré a continuación se me ocurrió a mí primero, para los que todavía duden de su carácter único en el universo.

Sentir, imaginar, percibir la posibilidad de que a partir de nosotros aparezcan mundos factibles ¿No es la escencia misma de todas las cosas?

Las células llevan dentro suyo la posibilidad de reproducirse: de quedar representadas en otro que será igual a ellas prácticamente, sólo que ocupará otro espacio y se desarrollará en otro tiempo. Y además trabajan, SON, para lograr este fin último, perpetuarse a sí mismas, depositan su energía completa en eso.

Parece medio hippie esta intromisión en el ámbito del “todos somos iguales”, pero este tipo de cosas a veces me brotan como una necesidad de confesión. Siento, creo, pienso, percibo, que somos iguales a Todo. No a las demás personas, no a dios, no a las cosas tangibles, al gran artilugio que se implementó en un cosmos justamente organizado para que la vida, suceda.

Otra frase muy libertina: “todas las cosaaaaaaaaas están vivaaaaaaaaaaaas”. Ya no se sabe si es filosofía de los vedas o la letra de una canción emo. Pero ¿Ven?... vaya, está ahí...

Bueno chicos: es eso, qué se yo. Esto podría ser una novela, un poema épico, pero queda aquí. Todo(s) estamos de una manera semejante aquí. A veces da bronca. Otras es como ir acompañado por una luciérnaga en un pasillo infinito y oscuro.

Quédate conmigo, pensaríamos decirle.