miércoles, 25 de febrero de 2009

24

Escribí esto hace algunos días. No lo había publicado porque no parecía suficiente. Gracias Benja por las porras y que sea un nuevo comienzo.

Hoy es mi cumple. Pareció una buena fecha para empezar a hacer cosas que no había hecho nunca y continuar haciendo cosas que había dejado de hacer no sé muy bien por qué. Mis dedos están entumidos porque hacía meses que no escribía más de cuatro renglones en la computadora. Qué mal, parece ser. No me voy a justificar. Estuve haciendo otras cosas importantes, entre ellas hacerme pendeja. En todo este tiempo pensé en postear muchas cosas, conclusiones, aventuras, pero nunca ninguna de esas cosas fue más fuerte que la hueva y que mis otras prioridades y ocupaciones. También pensé en lo estúpido de tener un blog. Ser “Blogger”, “Bloggear”… DIOS. Esas palabras no pueden existir. Hay toda una fantochería inútil alrededor de esto. En ocasiones recordé qué cosas significa o significó originalmente este espacio para mí: un sitio en el que publicar mis mambos.

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Maaaaaaaaaaam-bó

HEY!

Eso es todo. No hay nada más aquí.

¿Qué más? ¿En verdad será que hay magia? ¿Destino? ¿Amor? ¿Certezas?

Algún día viejo hubiera afirmado que no, pero ahora no me animo. En este breve tiempo he empezado a comprender que a las afirmaciones no hay que hacerlas, hay que dudarlas. Dudar o reventar.

No hay nada más aquí. Estoy yo y es casi de día. Es el día de mi cumpleaños. Nací a las 10:10 de la mañana del 20 de febrero de 1985. No sé qué día era. En mi correo aparecieron mensajes de felicitación desde el otro lado del Ecuador. Hoy me habló Nadia, una vieja amiga, una de las más queridas que jamás he tenido y un día dejé de tener. Hoy me habló María, mi amiga más querida. Ayer la función estuvo estupenda. Hoy no sé si voy a hacer algo con mi familia para celebrar. Tal vez mañana parta un pastel con la compañía.

Las cosas están ahí como nunca antes. Cerca y en vano. Lejos y deseándolas. Algunas combinado.

Quiero comer un pastel de tres leches y soplar veinticuatro velas. Quiero que estén las cinco personas que más cerca tengo en este mundo y que me canten las mañanitas y que todos sepan por un momento hasta dónde quiero a cada uno. Quiero darle un abrazo a mi hermana Caro y suplicarle que todo sea como solía ser entre nosotras. Quisiera hablar por teléfono con mi abuela Luci y que fingiéramos que vamos a vernos pronto, a comer un asado todos juntos, que nada le ha sucedido. Empezar la universidad, escribir para una revista o dos, ganar todo el dinero que puedo ganar, tener una casa con todos los servicios, tres pares de zapatos nuevos, salud y amor.

He ahí todo eso.

Tal vez hacer algún viaje, para que haya aeropuertos también.

4 comentarios:

Marie dijo...

QUERIDA LUCÍA,
Felicidades, creo que te felicito porque resucitaste tu blog y sobre todo porque te diste cuenta que es un espacio para ti sola que puedes llenar de mambo o de ilusiones o promesas para tu nuevo año. Qué bien volverte a leer. Un beso

memoria cuantica dijo...

hola lucía, tanto tiempo sin pasar por aquí. tanto tiempo sin pasar por mi propio blog también(que vergüenza).
tambien transité y todavía transito una etapa antiblogger se podría decir.
no se bien porqué
además, me está costando escribir últimamante, pero ya saldrá lo que tenga que salir en el lugar y en el momento que tenga que salir.ya saldrá

felices 24 años de vida,feliz vida.
y un abrazote grande.

Ana Elena dijo...

Hola Lucy!
Saludos desde los mil años que no nos hemos vuelto a ver.
Felicidades también por tu cumpleaños.
Yo también tuve cumpleaños,
yo también he estado haciendo esa cosa importante que dices,
la pendejera.
Y hasta hoy está siendo más importante que otros pendientes.
Te abrazo.

S.S dijo...

Hey Luchi!, gracias por al agradecimiento.

Como siempre, al leer tu "blog" me siento mal de escribir chistes en el mío. Supongo que es el tipo de penas que siente aquel que hace el dibujo vulgar en las paredes del baño al ver la capilla sixtina... aún así, las paredes del baño no se van a rayar solas.

Sobre tus 24, te entiendo. En mi posición de trotamundos sin zapatos, creo (como en aprendí) que realmente nunca puedes volver. Y eso no tiene nada de malo; pero no hace daño de vez en cuando (y en especial en tu cumpleaños) comprar un boleto de regreso y sentarte a soñar con el retorno en la sala de espera, aunque sepas que no te vas a subir... o no estés completamente seguro.
Abrazo.