domingo, 13 de junio de 2010

Niños

Lo bueno de mentir -confió- es que puedes platicar mucho más con las personas. Y todos hablan y todos escuchan.
¿Tú dices mentiras?
¿Qué? ¿Tú no?
No.
Dices eso porque no te has dado cuenta de lo bueno que es. Por ejemplo cuando una persona está hablando y dice Yo conozco un lugar maravilloso, tú, aunque no conozcas ningún lugar maravilloso, puedes decir Yo también, y así la otra persona te toma confianza y te considera como un igual.
¿Pero si se entera que estás mintiendo?
Bueno, eso puede ser malo, dependiendo de la moral de la persona. Si no le importan esas estupideces, tampoco va a importarle que mientas, lo que importa es que tú y él, o todos lo que participen en la conversación, no importa que digan la verdad o una mentira, es que estén contentos, que se emocionen. ¿Comprendes?
¿Cómo si jugaras un juego?
Claro. Como si jugaras un juego. Es un juego. Sólo que las personas que no les gustan las mentiras generalmente lo arruinan.
¿Por?
Para que sea divertido todos tienen que creer en el juego. Incluso hay gente que sabe qué cosas son mentiras y qué cosas son verdad, pero sabe jugar porque se entretiene en escuchar las historias en vez de pensar si sucedieron o qué partes son inventadas.
Yo conozco un señor que siempre que digo que mi casa es grandísima como un castillo me dice que eso es mentira.
¿Ves? Supongo que no te gusta.
No. No me gusta. Porque después ya no sé qué decir. Me da vergüenza y siento que me tengo que quedar ahí parada pero siento ganas de irme.
Sí, es gente muy tonta. Que hace quedar mal a los demás. Disfrutan de incomodarte.
¿Incomodarte?
Sí. Esos momentos. Cuando te quieres ir. Te miras los zapatos y no sabes dónde poner las manos. Te das cuenta de que cualquier cosa que digas ya no le va a importar. Son como las brujas malévolas: cuando te dicen que eres un mentiroso te hacen sentir malo y te transformas en sapo por un momento.
¿Te transformas en sapo?
O algo así. No en sapo, porque los sapos no son malos, pero algo así.
Sí.

Pero yo te voy a decir una cosa. A mí no me importa que digas mentiras. Es más. De todas las cosas que me has contado no sé cuáles son verdad. De todos modos me gustan. Tú eres linda.

¿Parezco un sapo?
No. Porque tus mejillas se pusieron coloradas.
Ah.

Es que también te puedes sentir incómodo por algo bueno, y te conviertes en un helado de fresas o en una manta de lana o en un gato pequeñito.
A mí me gustan los gatitos.
A mí también.
A mí también.
¡Es la verdad!
Sí. Yo te creo.