miércoles, 30 de marzo de 2016

Área 54

Una vez mi padre me contó que condujo su camioneta a través
del Valle de la Muerte. No narraré
aquí los contratiempos de dicho viaje
ni la parte en la que tuvo que quedarse en Las Vegas solo
y sin dinero en un hotel del viejo centro en el que
probablemente sirvieran enormes porciones de pastel de queso
con mermelada y un café mugriento pero
en ese viaje tomó un camino equivocado y cuando se dio cuenta
estaba frente a un portón del Área 54 sin vigilancia y
como nadie lo detuvo siguió avanzando,
mas,
tarde o temprano, un
convoy de vehículos 4 x 4 lo alcanzó en medio de una polvareda
las sirenas chillando en el viento seco del desierto
y le pidieron,
nada amablemente por supuesto,
que se fuera por donde había venido.
No vio ningún OVNI ni nada de eso.

domingo, 20 de marzo de 2016

La inspiración está en otra parte

Alguien trajo a la puerta de casa
un libro con relatos de navegantes.
Antes estaba ese hueco
pero esta noche dejó de llover,
desde la gran ciudad vino un viento helado
y sacamos los pulóveres de lo hondo del clóset.
No sé si saldrá el sol mañana pero
terminaré de escuchar este programa de radio,
tal vez pique unas galletas húmedas de la alacena
y me meteré en mi pijama y la cama estará caliente.
No tengo nada que contarle a nadie,
sólo leí ese libro sobre navegantes
y no creo que haya
algo más importante que letras como olas
capaces de llevarte a lugares que no conocías hasta entonces.

¿Pensarás en mí tanto como yo en ti?
Te extraño, capitán.

martes, 1 de marzo de 2016

Cada átomo de nuestro cuerpo tiene millones de años

Las pequeñas gotas
uñas en el tablero una música
ancha, baja, serena, una liebre que duerme la siesta.
Un espacio alejado de los bordes titubea
parece que late
quizá tiene miedo, por eso
no se detiene entre sístole y diástole.
Las piedras nos perciben blandos y amarillentos,
qué suaves que son los humanos, piensan, qué inútilmente vertebrados,
qué vagamente estructurados. Y el hombre discute con un otro imaginario
que argumenta moralejas, exhala leyes entre nubes de gas carbónico,
exige el socorro de algún sustantivo aún más abstracto,
experimenta los límites como si fueran cárceles de acero inoxidable
y nunca se olvida
de que muere,
de la muerte,
de lo muerto,
lo que muere.